Dolor de rodillas por sobrepeso

Las patologías más frecuentes de la rodilla son las lesiones de menisco o de ligamentos cruzados y la artrosis dependiente de prótesis. Cerca de un 15% de las personas que sufren estos problemas articulares son obesas, ya que las rodillas soportan demasiado peso. Pero además, estos pacientes padecen una alteración de los niveles hormonales que acelera el desgaste del cartílago, lo que aumenta el riesgo de enfermedad articular degenerativa, la osteoartritis.

Las personas obesas padecen a menudo dolor de rodilla. Esto es un hecho. Del mismo modo que a los amortiguadores de un coche que transporta mucho peso les cuesta absorber las sacudidas de golpes y baches, las rodillas de una persona obesa también sufren. El cartílago que cubre las terminaciones óseas proporciona una superficie lisa y deslizante que, junto con el líquido sinovial, facilita el movimiento. Pero más allá de una determinada presión sobre la zona, hay varios factores que relacionan obesidad y rodilla.

En muchos casos, la relación entre dolor de rodilla y obesidad culmina con la génesis de osteoartritis o artritis degenerativa (la forma más común). Esta condición se origina cuando el cartílago de la rodilla que facilita el movimiento se desgasta. Los primeros síntomas se detectan tras llevar a cabo actividades físicas de intensidad. Con el tiempo, las rodillas pueden doler más a menudo, o sentir rigidez después de levantarse de la cama o tras estar sentado durante un tiempo. Las rodillas también pueden hincharse y crepitar mientras se camina.

Un exceso de peso conduce a la liberación excesiva de la hormona leptina, asociada con el desarrollo de la osteoartritis. Además, la grasa corporal puede liberar sustancias que promueven la inflamación del organismo. Dos de ellas, denominadas factor de necrosis tumoral e interleucina-1, parecen desempeñar un papel importante en el daño del cartílago.

Junto con la pérdida de peso, varios tipos de ejercicios moderados alivian el dolor. Estos se deben consultar con el médico, que analizará posibles problemas crónicos o las probabilidades de sufrir una lesión, y elaborará un plan adecuado e individualizado.

Los ejercicios más recomendados son la natación (flotar reduce el impacto en la rodilla) y la marcha a ritmos moderados (caminar o pasear); también ir en bicicleta y ejercicios de fortalecimiento de los músculos. Se desaconseja cualquier deporte de contacto, de alto impacto o que requiera dar saltos continuados, como sucede en la práctica del fútbol, baloncesto, tenis o squash, entre otros. Una vida más activa resulta de gran ayuda.

Fuente: consumer.es

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Claudia Tallone

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