Dieta y Actividad física para una mejor actividad mental

La dieta y el ejercicio para mantener un peso saludable estarían relacionados con una mejor actividad mental.

“El ejercicio y la dieta mejoran el rango de la función cognitiva”, afirmó Patrick Smith, médico interno en neuropsicología clínica y miembro de un equipo de la Universidad de Duke. “Ayuda en la función ejecutiva, el aprendizaje y la velocidad psicomotriz”.

Los investigadores dieron seguimiento a 124 hombres y mujeres que tenían hipertensión arterial, 52 años de edad y un al menos siete kilos (unas quince libras) de sobrepeso en promedio.

El estudio estuvo liderado por James Blumenthal, profesor de psicología y neurociencias de la Duke, fue diseñado principalmente para determinar el efecto de la dieta y el ejercicio sobre la presión arterial, e incluyó a personas que tenían hipertensión entre leve y moderada. Tambien se incluyeron observaciones sobre el efecto sobre la función cognitiva.

Una tercera parte de los participantes siguieron comiendo y haciendo ejercicio como solían. Otro tercio siguió la dieta DASH (por la sigla en inglés de Métodos dietéticos para detener la hipertensión), que enfatiza los productos lácteos bajos en grasa, las frutas y las verduras, en combinación con ejercicio regular. El tercio restante estuvo en un programa que combinó la dieta DASH con un programa de gestión del peso y ejercicio aeróbico.

El programa de gestión del peso utilizó dos estrategias. Una se centró en reducir el tamaño de las porciones y cambiar los hábitos, como el consumo de refrigerios. La otra utilizó un método conocido como entrenamiento en la conciencia del apetito, que ofrece una guía sobre cuánto comer, no solo qué comer.

Smith dijo que la parte de ejercicio del programa no era drástica, sino “sesiones de treinta minutos tres a cuatro veces por semana, suficiente para colocar el corazón a 75 u 80 por ciento de su tasa máxima”.

Para evaluar los efectos sobre la función mental, se pidió a los participantes que realizaran ciertas pruebas escritas, como marcar un dígito específico en una página de números tan rápido como pudieran.

El grupo que comía bien y hacía ejercicio regular tuvo una mejora general de treinta por ciento en la función mental para finales del periodo de cuatro meses, anotaron los investigadores.

Smith enfatizó que la actividad física parece tener un efecto directo sobre las células del cerebro. “Hay cambios neuroquímicos que suceden con el ejercicio”, afirmó. “Hay una mayor producción del factor neurotrófico derivado del cerebro, que estimula la conexión con otras células cerebrales”, comentó, “pero también hay cierta evidencia de que ayuda al crecimiento de nuevas células en el cerebro”.

Y la combinación de una buena dieta y ejercicio también produjo los avances físicos esperados. Los participantes que hicieron dieta y ejercicio perdieron 8.6 kilos(19 libras), redujeron la presión arterial sistólica (la cifra superior de una lectura de 120/80) en 16 puntos, y la presión diastólica en diez puntos para finales del programa de cuatro meses.

Sin embargo, algunos expertos consideran que el estudio tiene sus limitaciones. Es un estudio bien hecho, pero tiene defectos, aseguró el Dr. Donald LaVan, profesor clínico asociado de medicina en la Universidad de Pensilvania y vocero de la American Heart Association.

“Es demasiado pequeño”, lamentó LaVan. “Lo llamaría un estudio clave, sugerente, pero nada definitivo. Tampoco tuvo un grupo de control para ver el efecto del ejercicio solo. Necesitamos un estudio de mayor tamaño y duración, y un grupo de control para el ejercicio solo”.

“El ejercicio es magnífico”, aseguró. “Pero cuánto contribuye el ejercicio en sí a la función mental no está claro”.

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Claudia Tallone

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