Dieta contra los excesos de temporada

El fin de las vacaciones suele estar acompañado de un mayor contorno de la cintura, es el fin de un cambio estacional de verano o invierno para volver a la normalidad. Alli es cuando notamos que la ropa no nos queda igual y que es necesario encarar unos dias de regulacion de la alimentacion para volver a ser los que eramos hasta hace unas semanas.

Las rutinas de alimentacion habituales dejan paso a la profusión de tapas o pinchos, patatas fritas, helados, refrescos, picoteo constante, descontrol de horarios… que se transforma en un ligero aumento de peso, al que se suma un mayor volumen abdominal.

La mejor manera de evitar estos aumentos estacionales de peso, es usar el sentido común.

1. Cien calorías menos por día. Si la escasa variedad de los alimentos y sus formas de cocinado son una limitación para renovar el recetario, es útil aprender trucos para aligerar las recetas. Se pueden restar cien calorías diarias al cocinar platos tradicionales con pequeños gestos, como añadir menos queso a las pizzas, más vegetales a los bocadillos y usar aerosoles para aliñar con aceite las ensaladas.

2. Platos pequeños. El tamaño de los recipientes y de las porciones de los alimentos que se sirven tiene un impacto considerable en la cantidad de comida que se ingiere. La “ilusión óptica” propicia que se subestime la cantidad consumida si se sirve en un plato hondo o en un plato grande, en comparación con otro de menos capacidad (o en un bol de mayor volumen respecto a una taza), aunque se haya consumido el mismo número de cucharadas en ambos casos.

3. Comer sano a deshoras. Si se tiene hambre entre horas, se puede optar por bbarras de cereales, o las palomitas de maíz caseras. Otra alternativa pasa por elegir vinagretas (cebolletas, pepinillos).

4. Dulce no muy azucarado. El uso de especias como el clavo y la canela, la selección de alimentos de naturaleza dulce (frutas frescas o desecadas) y las cocciones largas a fuego lento son recursos útiles para acentuar el sabor dulce de las recetas cocinadas sin añadir azúcar ni otros endulzantes calóricos como la miel, la nata, la mermelada o el chocolate. Licuados de frutas pero sin azúcar.

5. Fruta todo el día. Las recomendaciones oficiales sugieren tomar entre dos y tres raciones de fruta, las piezas que más agraden, preparadas al gusto de cada uno: frescas, en zumo, en ensalada, macedonia, compota, asadas… El truco está en encontrar el mejor momento para comerlas.

6. Germinados hasta en la sopa. La adición de germinados en las ensaladas mejora las digestiones. Son alimentos ricos en enzimas, sustancias con una acción similar a las enzimas digestivas del organismo, agotadas tras los excesos de comidas veraniegas abundantes en proteínas, grasas y azúcares. Los efectos de los germinados se traducen en la recuperación del vientre plano, al combatir la fermentación y la consiguiente formación de gases. Se puede ir más allá y probar los germinados en tortilla, en las sopas o como acompañamiento o guarnición de un segundo plato.

7. Eliminar las verduras flatulentas. La sensación de hinchazón abdominal en ciertos períodos o en determinadas personas que comen muchos vegetales puede deberse a problemas de flatulencia. Las verduras más flatulentas son: lechuga, alcachofa, coles, brócoli, pepino, cebolla y rábanos.

8. Preferir todo integral. Tomar el pan, el arroz, la pasta y las galletas integrales es una sana costumbre, en especial, si se opta por las versiones biológicas. Más fibra, vitaminas y oligoelementos, nutrientes que el organismo necesita a diario y que deben reponerse tras días de comidas a base de alimentos refinados y azucarados. La fibra permite que el aprovechamiento de los azúcares sea más lento. Enseguida se tendrá sensación de estómago lleno durante más tiempo, más saciedad y un mejor ritmo intestinal.

9. Infusión como postre. Las comidas más grasas, demasiado proteicas y muy azucaradas, junto con el alcohol, provocan un mayor trabajo para el hígado, el principal órgano depurativo. Los vegetales con ligero sabor amargo como alcachofas, achicoria, endibias, escarola y rábanos favorecen la recuperación del hígado, por lo que es aconsejable incluir alguna de ellas cada día en el menú. La pesadez de estómago puede ser la causa de la hinchazón abdominal y de los molestos dolores de cabeza. Tomar una infusión digestiva, antes o después de comer, de manzanilla, anís, poleo, canela, melisa o regaliz, entre otras, sienta bien a la digestión. La fruta se deja para comerla entre horas, que resultará aperitiva y refrescante.

10. El agua, el mejor diurético y depurativo. Es una idea sana tener siempre a mano una botellita de agua: en el bolso, en la oficina, en el coche, en la mesita de noche… Una manera de tomar más líquidos durante el día es dejar preparados dos litros de caldo elaborado con las verduras más diuréticas, como apio, judías verdes, borraja, zanahoria, cebolla… Se bate y se toma un tazón antes de comer. Hidrata, depura y sacia.

Recordar masticar cada bocado, los beneficios de comer despacio y masticar a conciencia son triples: mejora la digestibilidad de los alimentos, se come menos ya que da tiempo a tener sensación de saciedad y se consigue un demostrado beneficio psicológico al respetar el tempo de un acto con el que se ha de disfrutar.

También es importante saber planificar la alimentación sin renunciar para siempre al placer que proporcionan determinados alimentos. La clave está en la variedad y en la moderación.

Fuente: consumer.es

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Claudia Tallone

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