Descubren el gen de la obesidad infantil en el cromosoma 16

El estudio es muy relevante, tiene una gran trascendencia cuando hablamos de la cantidad de casos en los que se ha responsabilizado a los padres del exceso de kilos de sus hijos, porque este trabajo constata la existencia de un factor genético clave en el desarrollo precoz de obesidad infantil”, recuerda Cristina Azcona, jefa de la Unidad de Endocrinología Pediátrica del Departamento de Pediatría de la Clínica Universitaria de Navarra.

Ha sido un grupo de científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) el que, indagando sobre qué supresiones o copias extra de segmentos de ADN están relacionadas con la obesidad, ha encontrado varias supresiones raras que pueden ser las responsables del apetito insaciable y la elevada capacidad para ganar kilos que sufren muchas personas.

La investigación, publicada en ‘Nature’, se llevó a cabo con 300 niños de 10 años con obesidad extrema (un peso de cerca de 100 kilos) que fueron comparados con 7.366 menores sanos de peso nornal. Los autores encontraron supresiones en el cromosoma 16, concretamente de un gen, el SH2B1, en el grupo de niños con excesivos kilos en comparación con los que formaron el grupo control.

El gen SH2B1 juega un papel fundamental en la regulación del organismo, en las señales metabólicas de las moléculas leptina e insulina y en el uso de energía de los alimentos.

“Un total de 143 de los menores con exceso de peso padecían retraso mental. Se ha observado que un porcentaje de niños con problemas de desarrollo sufre sobrepeso y ahora entendemos una de sus posibles causas”, insiste la doctora Azcona.

Las personas con “supresiones que implican este gen poseen una fuerte tendencia a comer y aumentan su peso con mucha más facilidad que las que no tienen estas supresiones”, señala Sadaf Farooqi, autora principal de la investigación.

Según los investigadores británicos, pese a que ya se han constatado supresiones de ADN en otras patologías “como el autismo o el retraso mental, está es la primera vez que se constata su existencia en una enfermedad metabólica”.

Para la especialista de Navarra, la trascendencia de este trabajo se basa también en “la capacidad de poder saber si un niño va a desarrollar obesidad de forma precoz, a través del análisis de su ADN. Aunque es una prueba que no se practica de forma rutinaria, podría servir para identificar a aquéllos que más necesidad tienen de ser sometidos a dietas equilibradas y a planes de ejercicio para tratar de frenar el desarollo de su obesidad, a la espera de la llegada de tratamientos basados en técnicas de ingeniería genética”.

Es fundamental, también, el dato de que los menores obesos del estudio presentaban una resistencia a la insulina “más elevada de lo que correspondía a su peso, lo que plantea la necesidad de someter a tratamiento farmacológicos a los menores con este problema genético con el fin de prevenir el desarrollo de diabetes”.

Fuente: elmundo.es

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Claudia Tallone

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