Contra los alimentos hipercalóricos en los colegios

Frente a la creciente epidemia de obesidad infantil, una de las grandes preocupaciones de muchos padres y médicos, se ha decidiso encarar la primera batalla para combatir esa enfermedad. En los centros educativos, no se permitirá la instalación de máquinas expendedoras en aquellas zonas donde puedan tener acceso a ellas el alumnado de Educación Infantil, Primaria y/o Educación especial, como figura en la propuesta que mañana presentará Sanidad.

En los centros de Educación Secundaria tan sólo se eliminará la publicidad de este tipo de máquinas para frenar el efecto inductor sobre los estudiantes.
Se trata así de evitar que los menores abusen de productos con un alto valor energético que pueden adquirir en cualquier momento a través de un sistema de autoservicio en las máquinas expendedoras que no cuenta con la supervisión de un adulto.

Pero ésta no es la única propuesta que recoge el Documento de consenso sobre la alimentación en los centros educativos que llevará la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, al Consejo Interritorial de Salud. Ese texto también establece otras medidas para erradicar la que ya se considera la epidemia de este siglo. De hecho, se indican toda una serie de condiciones que deben cumplir los alimentos y los menús en los colegios. De las cantinas y quioscos de los centros estarán excluidos productos y bebidas con escaso valor nutricional, y esto incluye los refrescos, caramelos, golosinas, polos, sorbetes, chocolates y aperitivos salados. Los restantes deberán cumplir unos criterios nutricionales. Cada 100 gramos, el producto (sólido) tendrá como máximo 400 kilocalorías y su contenido se distribuirá de la siguiente forma: 15 gramos de grasas totales; 4 g. de grasas saturadas; 1 g. ácidos grasos «trans » (realmente sólo deberá contener aquellos de origen natural en productos lácteos y cárnicos); 30 g. de azúcares y 1 g. de sal. No tendrán edulcorantes artificiales ni contendrán cafeína. En definitiva, una lista que no trata de prohibir sino de limitar los valores nutricionales.

A continuación Sanidad recoge una relación exhaustiva de las características que tienen que reunir los diferentes grupos de alimentos que se podrán vender: los quesos serán de bajo contenido en grasa; la leche en cualquiera de sus presentaciones (entera, desnatada y semidesnatada); bollos, galletas, helados, productos de panadería… siempre que reúna las condiciones citadas anteriormente.

Otra serie de recomendaciones nutricionales «regulan » de alguna manera los menús. Por ejemplo, el agua debe ser la única bebida que acompañe las comidas; hay que limitar el uso de productos precocinados (canelones, croquetas, empanadillas, pizzas, rebozados…) a una frecuencia de tres veces al mes; el aliño siempre con aceite de oliva; se dará preferencia a la utilización de sal yodada; se evitará el uso de guantes de látex y se dispondrá de un menú alternativo para alumnos que por motivos culturales o religiosos no pueda ingerir algún tipo de alimento.

En el anexo III, se establece además las necesidades medias energéticas que debe contener la dieta del alumnado entre 4 y 16 años. Los estudiantes precisan 2.000 kilocalorías para acometer su actividad diaria que se distribuyen así: 25% en el desayuno, 35% en la comida del mediodía (debe cubrir la tercera parte de las necesidades), 10% en la merienda y 30% durante la cena. Por eso el almuerzo de media mañana y la merienda no debería proporcionar más del 10% del total de la energía de cada día. De ahí que los alimentos y bebidas que se vendan en el colegio y que normalmente se consumen entre una y otra comida estén limitados a 400 kilocalorías cada 100 gramos (200 kilocalorías por porción).
Basta decir que como principio esencial Sanidad recomienda que los menús sean variados y equilibrados. Y que los chicos se tomarán su tiempo para disfrutar de la comida de forma relajada. Cada turno en el comedor dispondrá, como mínimo, de treinta minutos, ampliando esta duración en los grupos de menor edad.
En cualquier caso, los menús serán supervisados a partir de ahora por un profesional sanitario con formación acreditada y específica en nutrición y dietética. Y los padres estarán informados en todo momento y cada mes de los menús que se ofrecerán a sus hijos.

Dieta equilibrada y ejercicio físico son en definitiva los consejos de los nutricionistas para combatir la obesidad. Y esos parecen ser los objetivos del Ministerio de Sanidad pues no hay que olvidar que también la futura ley de Seguridad Alimentaria, que entrará en vigor a finales de este año o principios de 2011, recomendará a los colegios la puesta en marcha de programas de «acondicionamiento físico » específicamente dirigidos a niños con problemas de obesidad. Se incluirán actividades como la bicicleta estática, la natación o la gimnasia y «actividades multideporte » en los recreos, como el escondite o la comba. Recuperar viejos hábitos que se habían olvidado.

Fuente: ABC

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Claudia Tallone

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